BODEGAS CONVERTIDAS EN ARTE

Lugares con historia, renovados por arquitectos de prestigio para ofrecer no solo vinos de calidad sino también espacios atractivos. Barcelona Private Experiences os ofrece una relación de esta magnífica simbiosis que vino y arquitectura han sabido combinar.

Las principales empresas bodegueras han decidido apostar por la arquitectura del siglo XXI para crear grandes obras de arte que van mucho más allá de la clásica labor de almacenaje y crianza del vino. En los últimos tiempos, algunas de las compañías vinícolas más conocidas de nuestro país han apostado por prestigiosos arquitectos para el diseño de sus bodegas.

Marqués de Riscal y Frank O. Gehry

El famoso arquitecto canadiense ha creado una obra, que aunque llena de formas, está en perfecta sintonía con el paisaje de la zona. Los viñedos de estas tierras de la Rioja alavesa, la antiguas bodegas de Marqués de Riscal y su extensa tradición y por supuesto sus caldos, han inspirado a Gehry para dar lugar a una obra sin precedentes en el mundo en la arquitectura y por supuesto, en el de las bodegas.

Al igual que el Museo Guggenheim, el edificio diseñado está recubierto de titanio, aunque en este caso, el arquitecto ha querido impregnar su obra de los colores representativos de Marqués de Riscal: rosa, como el vino tinto, oro, como la malla de las botellas de Riscal, y plata, como la cápsula de la botella.

Ysios y Santiago Calatrava

En la zona más bella de Rioja Alavesa, situada a los pies de la Sierra de Cantabria, se levanta la silueta extraordinaria de Ysios. La bodega sorprende y fascina al que visita esta tierra privilegiada, considerada como una de las mejores zonas del mundo para el cultivo de la vid. El arquitecto la diseñó a través de la sublimación de las líneas de una hilera de barricas. Al igual que su interior, que también sigue su estela vanguardista. Ysios es un icono en la Rioja alavesa.

Bodegas Portia (Grupo Faustino) y Norman Foster

En plena Ribera del Duero, en Gumiel de Izán se levanta la bodega diseñada por Sir Norman Foster, quien tras recibir el encargo se marchó un año a vivir entre vides.

La inspiración le llegó en forma de flor con tres pétalos. En uno fermentaría el vino. En otro se apilarían las barricas. Y en el tercero dormirían las botellas en una estructura vertical única en el mundo. Todo ello, a base de hormigón, cristal, roble y acero.

Protos y Richard Rogers

Sir Richard Rogers, el arquitecto de la T4 de Madrid, del Centro Pompidou de París o del Millennium Dome de Londres, por citar solo alguno de sus proyectos más destacados se le encargó la ampliación de esta cava centenaria: un anexo de 20.000 metros cuadrados, con capacidad de almacenaje de 3,5 millones de botellas y 5.000 barricas. Está comunicada con la antigua bodega y sus 1.500 metros de galerías subterráneas mediante dos túneles.

Esta forma modular rompe el volumen y escala global del edificio, creando una estructura que esta en sintonía con los edificios adyacentes, el paisaje circundante e imita a barricas que nacen de la tierra.

Señorío de Arínzano (Bodegas Chivite) y Rafael Moneo

Rafael Moneo, único Premio Pritzker español, artífice de la compleja ampliación del Museo del Prado en Madrid, el multiusos Auditorio Kursaal de San Sebastián, o la ampliación de la Estación de Atocha en Madrid, fue el elegido para sumergirse en un mar de 355 hectáreas de viñedo ordenado por parcelas de distintas variedades de uva, de las que a su vez 128 están dedicadas a la producción de vinos de la más alta categoría Pago. Un total de 1000 hectáreas conforman esta inmensa finca, que acoge una relevante herencia histórica que data del siglo XVI y que Moneo tuvo que aunar, desarrollar y enlazar con estructuras arquitectónicas del siglo XXI.

Viña Tondonia (Bodegas López de Heredia) y Zaha Hadid

En Haro y con motivo de su 125 aniversario y para conmemorar tantos años dedicados a la elaboración de vinos de calidad generación tras generación, la familia López de Heredia decidió regalarse un lujo arquitectónico, una joya del modernismo dentro de una bodega del XIX. Hoy la estructura forma parte permanente de la bodega pues integra tradición y modernidad, vino y estética, naturaleza y arquitectura.

Viña Real y Philippe Mazieres

En Laguardia (Álava), esta bodega diseñada por el arquitecto francés Philippe Mazieres, se proyectó con tres edificios, el principal está construido en cedro rojo y tiene forma de tina. La luz natural, las cuevas excavadas para almacenar el vino y la tecnología puntera -con el uso de la gravedad, instalación de la primera tolva vertical en España- definen esta monumental obra. Como curiosidad, fue la primera bodega de España adaptada íntegramente para invidentes y discapacitados visuales mediante una señalización especializada para permitirles una visita completa a la bodega.

Otazu

Hemos seleccionado también esta bodega por su singularidad en transmitir emociones y sensaciones vinícolas y artísticas a la vez. Cinco edificios singulares conforman hoy en día el Señorío y la Bodega de Otazu. Allá donde se mira hay un punto donde anclar la vista. La iglesia de San Esteban, del siglo XII, fue la primera piedra de este anfiteatro natural de gran belleza. La Torre de Otazu, del siglo XIV, un punto más en la cadena de torres defensivas medievales que un día abundaban por toda la sierra de Etxauri y las inmediaciones de Pamplona.

El Palacio Renacentista del siglo XVI y el bosque de roble devuelven el esplendor a una zona históricamente recuperada. Los dos edificios restantes son la antigua y la nueva bodega. Una a la sombra de la otra. La bodega antigua, al más puro estilo francés, se construyó en 1840 y hoy, además de albergar la sede social de la Bodega, constituye un auténtico museo del vino, un recorrido histórico por una manera franca de entender el cuidado del viñedo y la elaboración del vino.

Las extraordinarias muestras de arte contemporáneo que se encuentran vienen a ser de nuevo un reflejo histórico de sus orígenes. El arte corteja al vino y viceversa. En efecto, todas estas extraordinarias obras de arte son símbolos claros de una cultura que evoluciona en uno de los parajes más bellos que se puedan conocer y reconocer, donde el vino no es uno más, pero le gusta parecerlo.

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